"Libertad, igualdad y fraternidad", lema de la Revolución francesa, no ilusionaba a los mexicanos cuando estalló la revolución en nuestro país. La gente de entonces quería tierra y agua, salarios dignos y participación política. Por tanto, Madero, Zapata, Villa, Carranza y Obregón, cada uno a su manera, acaudillaron en movimientos armados las aspiraciones de miles de mexicanos que se hallaban en la más desesperante miseria.

 

Para frenar el gran número de desgracias a causa de la guerra —más de dos millones de muertos y desplazados, y una planta productiva destruida— la población quiso creer que, con la promulgación de la Constitución de 1917, al fin alcanzaría sus sueños.

 

Como sucedió con la pobreza, las disputas por el poder no acabarían con la nueva Carta Magna. La definitiva vendría dos años después, con el asesinato de Venustiano Carranza y la llegada al poder del grupo de Sonora, encabezado primero por Álvaro Obregón y después por Plutarco Elías Calles.

 

Nueve años de luchas, divisiones y traiciones habrían de dejar en las manos de Obregón el poder absoluto. Y en septiembre de 1921, a un poco más de un año de ser elegido como presidente de la república, la casualidad o el destino le depararían un regalo. Al igual que Iturbide frente al Ejército Trigarante, que cien años antes consumó la independencia de México, Obregón consumaba la Revolución mexicana: doble motivo para festejar el importante centenario.

 

Uno de los vehículos de Obregón para acelerar las percepciones de que el cambio había llegado fue una revolución cultural a gran escala. Hubo artistas plásticos, escritores, músicos, científicos y políticos —por ejemplo, el Dr. Atl y José Vasconcelos— que se vincularon a la lucha, y muchos otros que, aunque ajenos, se coaligaron en una vasta cruzada cultural para luchar contra la barbarie que imperaba en México.

 

Esta exposición da cuenta de cómo en 1921, el gobierno de la república, gracias al liderazgo de Vasconcelos, Secretario de Educación Pública, inició grandes proyectos para recuperar el arte mexicano vernáculo y sus tradiciones, con un impulso que duraría algunos lustros. Terminada la revolución, los artistas mexicanos necesitaron traducir en sus obras lo que los hombres armados lograron en los campos de batalla. Así comenzó la revolución en el arte mexicano.