Palacio del Conde de Buenavista


La construcción del edificio que alberga al Museo Nacional de San Carlos se llevó a cabo a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se atribuye el proyecto de construcción, realizado de 1798 y 1805, al prestigiado arquitecto valenciano Manuel Tolsá (1757–1825). La historia del edificio se remonta al encargo realizado por la Marquesa de Selva Nevada, Doña María Josefa Rodríguez de Pinillos y Gómez de Bárcena (¿–1813), para su hijo José Gutiérrez del Rivero y Pinillos y Gómez, (¿–1804), quien murió antes de que la construcción del palacete terminara y para quien compró el título de Conde de Buenavista. Durante el siglo XIX, la zona conocida como Tlaxpana y el Palacio cumplían funciones residenciales para importantes personajes de la historia de México, entre los que destacan: el General François Achille Bazaine, Antonio López de Santa Ana, José María Romero de Terreros, III Conde de Regla, General José Rincón Gallardo, entre otras familias que disfrutaban los jardines de la casa que abarcaban hasta lo que ahora es el terreno de la Plaza de la República. 


El acceso principal a la casa en el siglo XIX era precisamente por el pórtico francamente neoclásico que acoge al Jardín Buenaventura o Tabacalera. En el ocaso de los años 1800, la familia Iturbe —en aquel momento propietarios del inmueble—, arrendó el edificio a la Tabacalera Mexicana Basagoiti Zaldo y Compañía, con fines de oficina y fabriles. Tiempo después, entre 1823 y 1827, el edificio fue sede de la primera delegación diplomática del Reino Unido en México, oficinas de la Lotería Nacional de 1933 a 1945 y Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM número 4 de 1958 a 1965. El antiguo Palacio de Tolsá fue asignado en 1965 a la Secretaría de Salubridad y Asistencia, con miras a ser adaptado como Escuela de Salud Pública, por lo que iniciaron escrupulosos trabajos de restauración, hasta que, en 1968, durante el contexto de intensa actividad museística en México, el Lic. Adolfo López Mateos —bajo el mandato del Presidente Gustavo Díaz Ordaz—, pujó por la creación de un recinto que albergara la valiosa colección de arte europeo de la Academia de San Carlos. La Comisión de Monumentos y Bellezas Naturales declaró al Palacio de los Condes de Buenavista, Monumento Nacional el 26 de febrero de 1932.


Estilo artístico


Este edificio de clara factura neoclásica muestra en la fachada principal una simetría racional, acentuada por el uso de elementos característicos de orden estructural y ornamental: frontones, vanos adintelados, triglifos, metopas y balaustradas de barro y cantera, coronadas por florones, característicos del estilo de Tolsá, que dotan de equilibrio y ritmo al Palacio de Buenavista. 


El neoclasicismo de San Carlos guiña ligeramente al estilo barroco al ostentar una curva vestibular en la fachada de Puente de Alvarado, cuyo elemento refiere a cierta influencia barroca de los artistas italianos Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini.

Fachada principal


En este edificio se armonizan los estilos barroco y neoclásico. El primero se manifiesta en la planta alta, en su remetimiento semielíptico que, al tiempo que prefigura el patio interior, funciona como un primer vestíbulo que acoge al visitante y le invita a continuar hacia adentro. El segundo se observa en la simetría racional de los dos cuerpos de la fachada principal. En su cuerpo superior los vanos adintelados de las ventanas y de la entrada principal. 


En su cuerpo inferior, el almohadillado de cantera gris, -material utilizado en todo el edificio-, se alterna con los vanos adintelados de las ventanas y de la entrada principal. En su cuerpo superior los vanos se convierten en balcones, cuyas balaustradas van apoyadas en ménsulas; aparecen separados entre sí por pilatras estriadas y, rematados sucesivamente con frontones trianguláres y semicirculares. El balcón central sobresale, flanqueado por columnas pareadas, de fuste estriado y capiteles de orden jónico compuesto, que ayudan a soportar el entablamento. Sobre la cornisa se apoyan la balaustrada y los florones, elementos que en su repetición dan unidad a la obra, al tiempo que constituyen una especie de firma de autor que de inmediato nos remite Tolsá.

Patio Oval


El patio del Palacio del Conde de Buenavista se tomó como punto primordial en torno al cual se fue desarrollando la ejecución total del edificio. Se diseñó a partir del trazo de una elipse que, enmarcada por un rectángulo, es un ejemplo del uso de los tratados de artistas como lacomo Barozzi da Vignola (1507-1573).  Las plantas siguen el estilo de las casas coloniales, en la baja se distribuyeron los espacios públicos y los destinados a la servidumbre, mientras que los espacios privados se acomodaron en la planta alta. En el piso bajo esta delimitado por veinte pilares almohadillados de capitel toscano, dispuestos simétricamente, cuyos ejes coinciden en un punto central a partir del cual se puede contemplar el edificio en su totalidad. 


El ritmo causa un juego de luces y sombras que evoca el barroco. En el piso superior, la elipse se define por una balaustrada, interrumpida de tramo en tramo por los altos basamentos donde se sustentan veinte columnas de orden jónico compuesto, que se continúan sobre los pilares del piso bajo. La cornisa se proyecta y rompe la línea del entablamento, y es el elemento donde se apoyan la balaustrada y los florones que coronan el espacio elíptico del patio.

Escalinata principal


La escalera del Palacio de los Condes de Buenavista recuerda a la que Manuel Tolsá realizó para el Real Seminario de Minería, actual Palacio de Minería de la UNAM. El quicio del patio introduce dos filas de columnas neo dóricas pareadas que flanquean el vestíbulo de la fastuosa escalinata, cuyo eje simétrico se disuelve en dos ejes paralelos que devienen en rampas y conducen al segundo piso del inmueble. 


 La conformación de la sobria escalinata de cuidadas proporciones, fluye con el ideal ilustrado que hereda el siglo XIX, al mismo tiempo de citar los albores constructivos del gótico que soportan un sistema de cargas mediante dos arcos inferiores que acompañan al usuario con sendos barandales donde se repite el motivo estético de las balaustradas centrales y rematan en sobrias ornamentaciones.

Fachada sur


En su inicio el Palacio de los Condes de Buenavista fue concebido como casa de campo, y contaba con un enorme jardín que se prolongaba hasta la actual Plaza de la República. El clima de la ciudad de México propiciaba el disfrute de espacios como este, mediante paseos y tertulias de carácter social, lo que otorgaba importancia a las fachadas posteriores de este tipo de residencias, amén de ser el flujo ideal de acceso con carruaje. Tres escalinatas permiten la entrada a un pórtico claramente neoclásico de líneas rectas que contrastan con el patio curvo y alma del edificio. 


El pórtico incluye seis columnas neo dóricas como sustento, que al mismo tiempo soportan la terraza superior coronada por un dintel clásico y balaustrada estilo Tolsá. La fachada posterior presenta un sistema por demás simétrico de sucesión de vanos adintelados resueltos en arcos de medio punto. Los vanos del cuerpo superior están separados entre sí por pilastras de orden toscano, levantadas sobre altos basamentos. El entablamento, ornamentado con triglifos y metopas, extiende su ritmo a lo largo de la fachada sur. Finalmente encontramos la clásica balaustrada utilizada por Tolsá, combinada en barro y cantera, lo que produce un ligero toque de color cálido que coadyuva a la armonía del edificio. El presente motivo es repetido en la fachada principal que colinda con la avenida Puente de Alvarado.