Desde el siglo XIX el término rococó (del francés rococo, que deriva a su vez de rocaille, rocalla, motivo ornamental que imita rocas, conchas o elementos vegetales) se ha empleado para referir el estilo exuberante y decorativo vigente en Francia desde la primera mitad del siglo XVIII hasta finales del mismo. A través de composiciones abigarradas, pinceladas sueltas – que confieren a la obra un aire de inmaterialidad-, y una paleta de tonalidades claras –particularmente rosas, verdes, azules y blancos-, empleadas ya sea con la técnica del óleo o del pastel (muy popular en este momento), la pintura rococó manifiesta intimidad, delicadeza, elegancia, festividad e incluso irreverencia. Entre los principales representantes de esta tendencia se encuentran los franceses Watteau, Boucher y Fragonard, quienes recrean en sus obras escenas hedonistas, sensuales o pícaras que se desarrollan en ambientes bucólicos idealizados o en habitaciones palaciegas, y que conforman el género conocido como pintura galante.