Hacia el siglo XVIII, un inédito interés por la vida galante y sus códigos, por los interiores decorados con rocallas, dio lugar a las propuestas del rococó, un estilo glamoroso, afectado y sensual que se dedicó a la representación de un estamento y sus formas de vida. Los modelos de la antigüedad encarnaron valores cívicos en el momento en que el estilo comienza a erigirse como norma internacional.