Bajo esta denominación se engloba a la arquitectura, pintura y escultura cristianas de la Baja Edad Media en Europa, que abarca desde el siglo XII al XV, e incluso al XVI. La pintura de este periodo fue realizada sobre muros y tablas –ya fueran aisladas o como parte de retablos- utilizando las técnicas del fresco y temple, respectivamente. Se empleaban colores brillantes y se mostraba gran cuidado en los detalles. Predomina la temática de carácter religioso   y posee una finalidad didáctica y devocional; en ella son comunes las referencias medievales en la arquitectura y vestimenta de los personajes, cuya figuración carecía de volumen, aunque mostraba cierto naturalismo. La representación del espacio en un plano es limitada, por lo que frecuentemente se emplea la perspectiva jerárquica: los personajes se representan de mayor o menor tamaño de acuerdo a su importancia.