El surgimiento de la Real Academia de San Carlos de Nueva España en 1785, fue resultado de las políticas de Carlos III. Con el fin de optimizar el manejo y explotación de los productos económicos fue necesario introducir un modelo educativo de carácter científico. La Corona intentaba ser la reguladora de la cultura visual, considerando que la instrucción de tipo académico era sinónimo de razón y buen gusto. El espíritu de la renovada escuela era el de ser un foco de luminosidad para la joven nación mexicana, como parte del sueño de progreso y civilización que proponía el ideario de la modernidad.